Cuatros socios del club, Sergio, Santi, Gerardo y Manuel decidimos ascender al Pico Posets por la cresta de Las Espadas y, de esta manera, subir a los siete tresmiles que la componen: Diente Royo (3.010 m.), Pavots (3.121 m.), Las Espadas (3.332 m.), Tuca Llardaneta (3.311 m.), Tuqueta Roya (3.273 m.), Posets (3.375 m.) y Diente de Llardana (3.094 m.).
Pasado el refugio Ángel Orús, hicimos vivac cerca del arroyo y próximos al inicio de la Canal Fonda con una noche inolvidable bajo la luna llena, en la que dormimos poco pero disfrutamos del ambiente de alta montaña.
Aún de noche dejamos nuestros sacos y esterillas entre las rocas y tomamos rumbo al Ibón de la Llardaneta, donde el amanecer nos dejaba unas bellísimas imágenes imposibles para la cámara a esas horas. Sólo eran las 7,15 cuando Sergio alcanzaba el primer tresmil, y a las 8 en punto nos fotografiábamos los cuatro en el segundo, todo un inhabitual logro. La cresta entre los dos es fácil pero entretenida, exigiendo ya pequeñas trepadas y pasos estrechos.
Tomada de lleno la arista al Espadas, la cosa empezó a cambiar, se afila tanto que mirar muy al frente asusta como mirar a los lados, así que nos concentramos y ponemos serios, para afrontar algún paso de IIº ++ y muchos de Iº - IIº. De pronto, aparece ante nosotros una brutal arista entre dos enormes paredones, la cosa se pone fea, y Sergio promete que si llegabamos al Espadas le iba a dejar el ojo a Santi como el casco, pero finalmente hicimos cumbre sin llegar a emocionarnos porque faltaba todavía el paso peliagudo del Funambulista.
Destrepar no es sencillo aunque ayuda la buena roca, por supuesto atravesamos el paso, trepamos la pared siguiente sin cuerdas y sin nervios, para alcanzar la Tuca Llardaneta y la Tuqueta Roya y empezar a disfrutar de las vistas.
El éxtasis llegaba en el Posets, ahora todos nos abrazábamos y emocionábamos porque ésta sí, sí había sido una ascensión bien gorda. Gerardo sirvió una fresquita Voll-Damm para celebrarlo “por todo lo alto” (y qué alto, vaya).
El día había acompañado, sólo algo de viento en la cresta, ahora un pelín de calor sin sofocar y rumbo al Diente de Llardana donde ni Sergio ni Manuel subieron.
En el refugio tomamos un merecido descanso y unas cervecicas con unos navarros a los que les encontramos una billetera extraviada y a las 3 en la Espigantosa, donde nos bañamos en las frías aguas de l’aigüeta de Grist.



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