Por eso elegimos el barranco Furco, muy transcurrido en temporada por barranquistas y grupos con guías de la zona; ya que lo conocemos muy bien, es corto y tiene un retorno inmediato no nos iba a dar problemas..
Cuando llegamos al barranco la temperatura era de -1º y el día soleado invitaba a meterse dentro aun viendo desde el puente de la salida que el agua corria por el rio esos si, debajo de la nieve.
Y así fue, al llegar al primer rapel donde esperábamos encontrar una cascada helada nos encontramos con el “mangazo” del deshielo, aunque bien equipados de ropa no se notaba muy fría, y la nieve y el hielo que se formaba de las salpicaduras nos enseño otra cara estéticamente distinta a la que estamos acostumbrados..
Continuamos el descenso, por los pasillos llenos de estalactitas de hielo, las piedras tapadas por la nieve y desenterrando pasamanos y reuniones con el piolet para poder llegar a las cabeceras y montar cuerdas.. en una hora salimos del ultimo rapel y llegamos al coche con sol y 7º positivos..
Aquí os dejo unas fotos
pues Pepe, está bien escrita!
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